La decoración de una habitación infantil es un reto para el que se deben tener en cuenta tanto la funcionalidad como las necesidades emocionales y físicas del niño. En ese sentido, resulta esencial que los más pequeños sientan su espacio como un lugar seguro y tranquilo que favorezca su movilidad y permita su expansión. Para lograr este ambiente tan especial, hay que tener en consideración una serie de aspectos que no siempre son perceptibles a la vista. Las formas, la iluminación, la ubicación de la cama y la configuración del espacio favorecen la armonía y bienestar, pero también los colores, materiales y texturas. Aunque, probablemente, la peculiaridad más destacable de este ambiente es que debe ser un espacio que pueda ir complementándose a medida que el niño crece. Precisamente es este carácter temporal el que conduce a elegir elementos transformables o fácilmente sustituibles para su decoración. Las habitaciones destinadas a los recién nacidos constituyen un lugar de ternura y ensueño donde colores, texturas y detalles se aúnan creando el ambiente de dulzura y calidez necesario para acoger al bebé. En sus primeros meses de vida, el dormitorio será utilizado principalmente para dormir y, en consecuencia, este factor debe ser tomado muy en cuenta.