Se ha pretendido generar entre la opinión pública la convicción de que
lo reprobable no es que el PRI y Peña Nieto hayan abusado de su
posición mayoritaria en la Cámara de Diputados y hayan pedido un
salvoconducto electoral para el Estado de México. O que lo censurable
no es que ellos mismos hayan incumplido su
parte en el acuerdo en apenas seis días, dejándolo así, sin efectos.
O
que lo deplorable no sea que el propio peticionario y beneficiario del
acuerdo haya faltado a un principio elemental de la política y de toda
actividad humana, esto es, que haya violado ante las cámaras de
televisión el principio de confidencialidad que regía este acuerdo y
muchos otros que se celebran todos los días en todos los órdenes de la
vida pública y privada de este país.
Quizás erré al confiar dos veces en la buena fe y el sentido del
honor de Peña Nieto, al no exigir que constara por escrito la
obligación del PRI de apoyar la aprobación del paquete de ingresos en
el Congreso y al negar la existencia del acuerdo.
Sobre lo primero, ha quedado evidenciada la realidad. Ya el
secretario de Gobernación ha confirmado que en todo momento estuvo de
por medio el compromiso de ese partido de apoyar la aprobación de la
Ley de Ingresos en el Senado. La negación de la presidenta del PRI y el
silencio de Peña Nieto no hacen sino mostrar con toda crudeza la
contradicción en la que se encuentran: ofrecieron algo que nunca
estuvieron dispuestos a cumplir, tan no lo estuvieron que ni siquiera
hicieron partícipe al coordinador de sus senadores de este convenio.
Por lo que hace a la publicidad del acuerdo, si en un primer
momento negué la existencia de este pacto fue precisamente en aras de
proteger un bien superior, la lealtad a la palabra dada como principio
rector de toda relación política, como cimiento y cemento de la
confianza entre las partes. La conducta del gobernador lo mimetiza a la
cultura de la falsificación que sembró y practicó el PRI durante
setenta años para la consecución, la conservación y el acrecentamiento
del poder. Sería oportuno recordarle la histórica cita de Churchill:
"Usted debe mirar a los hechos, porque los hechos lo miran a usted."
Si pudiéramos resumir en unas cuantas palabras el proceder del
gobernador del estado de México, diría: Primero, pidió el acuerdo.
Luego, lo incumplió. Después, lo divulgó. Y ahora, guarda silencio.
He
asumido a cabalidad la responsabilidad personalísima de suscribir el
acuerdo y las consecuencias de hacerlo público una vez que he sido
liberado de mi obligación de reserva. He dicho toda la verdad sobre
este capítulo de finales del año pasado. No puedo aceptar por respuesta
ni el silencio ni la falsedad.
Lo he dicho y lo reitero, no trabajo para mi causa personal.
Siembro para que otros cosechen. He tomado las decisiones que estimo
necesarias para darle al país la posibilidad real de una elección entre
dos proyectos de nación en 2012. En este camino, entre la opción de
pagar un costo individual y la alternativa de preservar un bien
superior, optaré siempre por ésta. Lo hice, lo hago y lo seguiré
haciendo con la certeza de que, al final, el prisma de la verdad
reflejará su luz sobre la escena pública y hará, como escribió el
maestro Sabina, que las verdades no tengan complejos y las mentiras
parezcan mentiras.
Presidente Nacional del PAN
*Artículo publicado en el periódico El Universal