Por alguna buena razón París es la ciudad del amor, y en realidad, si uno tiene la oportunidad de conocerla verá por qué esta ciudad es tan emblemática para los enamorados.
Y es que sabiendo administrarse es posible ir a la ciudad luz con pocos euros y gastar sólo en lo más indispensable, como por ejemplo, un consejo para los turistas ahorrativos es alojarse en hoteles céntricos para ir a pie a los principales destinos que toda persona que diga que fue a Francia debe conocer.
Teniendo en mente lo anteior, se puede visitar en una semana lo más representativo de París.
El día uno se puede ir al hotel Le Meurice, contemplar su decoración gris plata de Phillipe Starck, su aire de palacio de hace siglos y el mejor servicio imaginable. Como está tan bien situado y difícilmente se podría pagar la tarifa hospitalaria, puede irse el vacacionista ahorrativo al hotel Duminy Vendôme, de tres estrellas, el cual es muy cómodo y aceptable y que está a tan sólo una cuadra.
Después de alojarse, caminar por la rue de Rivoli y cruzar al Jardín de las Tullerías sería lo indispensable, pues la vista del restaurante-terraza Le Saut du Loup que está junto al museo de Artes Decorativas es única. Allá uno puede tomar un café en el Café Marly y ver de frente la pirámide del Louvre, y también después de saborear el cafecito, entrar al Museo del Louvre para ver la Mona Lisa, la Victoria de Samotracia y los apartamentos rojos de Napoleón III y Eugenia de Montijo.
Como afuera del Museo está el río Sena, donde navegan barcazas y la vista es divina, el turista ahorrativoa bien puede o tomar fotos de la pintoresca imagen o caminar entre las ventas de libros de los bouquinières, ¿y qué más falta?, bueno, detrás está como fondo ideal la catedral de Notre Dame.
Pero no es justo verla y no entrar, la Catedral está totalmente restaurada, su arquitectura gótica no deja de ponernos en la mente las novelas de Víctor Hugo, ¿vale la pena seguir el camino a pie, no?.
Luego, hay que cruzar al Rive Gauche por el Pont au Double para buscar la rue de la Huchette. Una vez realizado eso, tendrá nuestro turista el mejor ambiente parisino en la plaza St. Michel, corazón de St. Germain de Près.
Estando allá se puede comer en la rue de Seine, caminar toda la vía hasta el Boulevard St. Germain y seguir en en pie en dirección al Café Flore y el Café Aux deux Magots, dos históricos lugares parisinos. Pero qué clase de guía sería ésta si uno no va a la zona de los Campos Elíseos con el iluminado Arco de Triunfo a cenar en los restaurantes Chez Clément los mejillones de Leon de Bruxelles y L'Alsace. ¿Y de postre? Los macarrons de Ladurée.
Todo lo que llevamos hasta ahora se puede conocer ¡en un solo día y falta más!
Para el segundo día es realmente importante ver a la ciudad luz en lo más chic y glamoroso, para ello basta con caminar por las tiendas de la rue St. Honoré y después por las de Faubourg St. Honoré, entrar (aunque sea para ver) al hotel Costes. Estando allá, regresar a la rue Royale para contemplar la famosa iglesia de la Madeleine, y como al fondo está la tienda gourmet Fauchon, si se puede, podría comprarse ropa, perfumes... ¡perfumes!.
Desde esa vía se puede seguir a pie hasta Galeries Lafayette y Aux Printemps y retornar por la plaza Vendôme para visitar otro hotel, el Ritz (última estadía de al princesa Diana y Dodi Al-Fayed). Y para los amantes de la moda, afuera del hotel está la boutique original de Chanel, en la rue Cambon.
Al tercer día, la excursión de medio día al palacio de Versalles vale totalmente la pena. Igualmente es obligatorio ir a la Torre Eiffel y subirse en ella, caminar por los Campos Eliseos, el Campo de Marte hasta la tumba de Napoleón Bonaparte, y seguir la caminata de unos 20 minutos hasta el museo d'Orsay.
Y finalmente, el día 4 nuestro turista ahorrativo debe acudir al centro Pompidou, al museo Carnavalet de la historia de París donde están los recuerdos de María Antonieta y la Revolución Francesa y el museo Picasso.
Y si hay días adicionales, sería conveniente caminar por la rue des Rosiers y almorzar en el As du Fallafel, así como visitar el museo Rodin y los castillos del Loira.
¡Hay tanto qué ver!, pero con esto al menos se puede decir con orgullo que se conoce París.