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JUEVES, 11·MARZO·2010

Conviértanse y crean

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Por: Pbro. Gustavo E. Sosa Brandana

Una inmensa mayoría nos llamamos, pacíficamente, cristianos. Desde niños nos llevaron a bautizar y desde entonces gozamos del nombre de cristianos. Pero llamarse cristiano no es lo mismo que "ser cristiano". Para ser cristiano no basta saber que Jesús es el Hijo de Dios, que murió en la cruz para salvarnos y que resucitó al tercer día. Ser cristiano es mucho más que un "conocimiento" acerca de Jesús. Ser cristiano no consiste en ser "admirador" de Jesús, como un gran personaje, sino en vivir el Evangelio de Jesús, siguiéndolo con alegría y tratando de vivir sus valores.
Esta es la gran cuestión. Llamarse cristiano es facilísimo en nuestra sociedad; vivir como cristiano de dificilísimo en nuestra sociedad y en cualquier otro lugar.
Miremos un personaje del Evangelio, llamado Nicodemo, quien va a ver a Jesús por la noche, para que le explique en qué consiste ser discípulo de Él. Es hermoso contemplar este diálogo que el evangelista Juan nos trae, porque Nicodemo se encuentra con que al comienzo de la charla con Jesús, éste le dice que debe "nacer de nuevo". Esto significa ni más ni menos que convertirse de la vida que se llevaba. Significa dejar todo lo vivido, para comenzar un nuevo camino, de transformación y de cambio en la vida del hombre.
Impresiona mirar el ejemplo de Pablo, quien en el camino a Damasco, después que Jesús le ha revelado su nombre y le ha dicho que era a Él a quien perseguía, lo deja ciego y es conducido por sus ayudantes a la ciudad, donde es enviado Ananías para bautizarlo, devolverle la vista y hacerlo cristiano. Pablo no era alguien improvisado en las cosas de Dios. Era alguien que conocía muy bien la ley, sabía de las Sagradas Escrituras, y era celoso guardián de la tradición religiosa de su pueblo. A pesar de todo eso, él debe comenzar de nuevo. Debe volver a nacer.
Un joven rico se acercó a Jesús para preguntarle qué debía hacer para salvarse. Propiamente le estaba preguntando a Jesús que debía hacer para "ser cristiano". Al joven no le gustó la respuesta del Señor, quien exigía dejarlo todo y seguirlo a El. Aquel joven se retiró triste.
En la actualidad, muchos se llaman cristianos, pero no se manifiesta en ellos el gozo y la alegría de ser cristianos. Quizás, en muchos, porque quieren ser cristianos a su manera y no a la manera de Jesús.
En el evangelio de Marcos, Jesús inicia su misión evangelizadora diciendo: "El Reino de Dios ha llegado: arrepiéntanse y conviértanse" (Mc 1,15). Es bien concreto y comprometedor. No se puede pertenecer al reino de Jesús, mientras no haya conversión; mientras el pecado sea una cadena que nos impida seguir al Señor a cualquier lugar.
Para ser seguidores del Señor hay que darle un "sí" rotundo, incondicional. El Señor a todo el que quiere ser su discípulo le exige que obedezca su Palabra, su Evangelio, en su totalidad. Que se identifique con su causa. Que deje cualquier cosa que le impida hacer su voluntad. Cuando el Señor invitó a seguirlo, a los hermanos Simón y Andrés, ellos tuvieron que dejar su negocio de pescadores. Mateo tuvo que dejar las monedas de su tramposo oficio, y se fue con Jesús. No se puede ser cristiano y al mismo tiempo, estar atado a unas redes mundanas, a una mesa de iniquidad.
La Cuaresma es un tiempo que Dios nos regala para pensar si queremos vivir como cristianos, optando por su persona, o seguir en la mediocridad de sólo llamarnos cristianos.


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