Por: Felipe de J Triay Peniche
@maotsetung12
Todo el mundo conoce las mascaras, las de Venecia, quizás las mas famosas y apreciadas, las de algunos políticos probablemente las mas populares y menos aceptadas, pero, y las nuestras?.
Pareciera que todos tenemos una, de que? Cada quien lo sabe o debería de saberlo si es que alguna vez hemos reparado en ello, los usos son muy diversos sirven para adornar, para funciones decorativas, para ocultar, para presumir, para vender o intercambiar pero sobre todo para ponerse, con que fin?.
Eso le corresponde decidirlo al que se la pone. Cual es la tuya? Pregunta que frecuentemente me realizo a titulo personal con el único afán de descubrir los distintos comportamientos y la adaptación a las circunstancias que me vayan tocando y las herramientas emocionales con las que cuento para superar los conflictos diarios, sobretodo los internos, sin duda e utilizado varias a lo largo de mi vida, unas de manera exitosa y otras no tanto pero siempre con la idea de buscar la funcionalidad, y la supervivencia, la de hijo es una de las inevitables, es imposible no tenerla por razones obvias, el problema es que se pone y quita con mucha facilidad, se vicia, y a ultimas fechas nos damos cuenta que esta muy devaluada, ejemplos tenemos muchos y muy a la mano, hijos que golpean a sus padres, que los despojan de bienes, que los abandonan a su suerte, que no los respetan, la de estudiante es virtual, podemos ponérnosla con mucha convicción y mantenerla mucho tiempo, pero también con mucha facilidad la olvidamos, la intercambiamos por unos tragos o una buena fiesta, la confundimos frecuentemente con la mediocridad (que no es una mascara si no una cara) es útil para justificar una etapa de nuestra vida, algún día habrá que quitárnosla y, horror, debimos habernos quedado con ella aunque fuera solo de manera decorativa, sin duda una de las mas tiernas es la de novio, la cual puede coexistir con la de estudiante y de hijo, peor aun, sobreponerse a la de esposo, cuando se tiene bien puesta esa mascara, la peor de las cursilerías no importa, total no ven tu cara, solo la del enamorado, quizás tenga un velo mágico en los ojos que permite que todo sea bello, hermoso y resolutivo, claro hasta que decides ponerte la de marido, la menos recomendada, paradójicamente la mas buscada e impuesta a veces de manera voluntaria, obligatoria, necesaria, por conveniencia, por ignorancia o, si crees en el amor, probablemente por eso, es la mas ensuciada, menos respetada, la mas hipócrita de ellas, la mas devaluada, aunque todavía hay gente que la porta con honor y respeto, la mas importante desde mi humilde opinión, es la de padre, es un compromiso asumido e ineludible, nos da presencia, esencia, respeto y la posibilidad de componer aunque sea medianamente los malos usos que le hubiéramos dado a las que portamos anteriormente y nos obliga a mejorar y conducir adecuadamente las que algunos se pongan de hijo por responsabilidad nuestra.
Existen por supuesto una variedad importante y muy larga de muchos tipos y subtipos de mascaras, algunas ocasionales, otras que no nos quedan o no van de acuerdo al rostro puesto que no logran cubrirlo en su totalidad y sin duda se vuelven un ridículo mayúsculo, hay gente que utiliza una en toda su vida, no se la cambia por nada del mundo, cree que esta bien aunque con ella lastime a mucha gente, no evoluciona ni ofrece mas que lo que pudo haber ofrecido, en fin, cada uno de nosotros decide cual ponerse, cuanto tiempo y para que le va a servir, yo por lo pronto e decidido ponerme una, solo pongo una condición, que venga de CHINA.