Por: Guillermo Barrera Fernández
Me explicaba un amigo médico, que las personas que se someten a operaciones de cirugía estética para bajar de peso, requieren de un acompañamiento sicológico para llevar el proceso de cambio de imagen convenientemente. Lo anterior, resulta completamente lógico, tras tener escasa o ninguna autoestima merced a su apariencia, de golpe y porrazo se encuentran dueños de la constitución deseada y la vanidad es susceptible de dispararse desmesuradamente.
Sin entrar en los dimes y diretes correspondientes al cambio de imagen experimentados por Ivonne Ortega, podemos concluir que en su sicología algo anda mal, que el ejercicio del poder ha obnubilado su capacidad de análisis, que los intereses y los fastos consustanciales a la cuestión gubernamental, han invadido y trastornado la esfera de sus relaciones personales y afectos.
Una cumbia muy vieja, confirma que la mujer poseedora de una conformación seductora, resulta de corazón duro y calculadora. Circulan cualquier cantidad de versiones que revelan que a raíz del cambio de aspecto experimentado y de su condición de aspirante a mandataria, Ivonne Ortega ha mutado su comportamiento para con muchos de sus allegados: con ella no se puede disentir, a ella no se le puede contrariar, exige sumisión y no espíritu de servicio. De tal suerte y en similar orden de ideas, resulta sorprendente y aterrador, enterarnos por diferentes medios, de los mismos hechos, a través de versiones complementarias. Resulta muy poco tranquilizador para nosotros sus críticos, la certidumbre de que de algún modo y en algún tiempo, más o menos lejano, podemos ser objeto (víctimas más bien) de sus represalias o vendettas por criticar sus acciones o desaciertos.
Pero bueno, alguien tiene que hacerlo y contradecir las versiones que aseveran que ya no hay hombres por estos lares, dignos de ostentar tal calidad. Así pues, es sobrecogedor e indignante que se atente contra personas sin posibilidad alguna de defenderse de los más arteros ataques perpetrados desde la esfera protectora que rodea a toda autoridad, teóricamente encargada por definición de velar por el bien de sus conciudadanos. Es lamentable, toda vez que revela prepotencia, soberbia, despotismo y una serie de traumas y complejos de índole desconocida y probablemente incontrolables.
Nos angustia vivir en una tierra donde prevalece la ley del más fuerte y los derechos y garantías más elementales de la ciudadanía se vulneran con total impunidad. Deploramos profundamente que las prédicas de amor a la ciudadanía, a nuestro suelo, a sus tradiciones, a su cultura, no sean sino cuentos de pescadores, letra muerta por completo, vacía, carente de sentido y útil nada más para echar mano de ella cuando sea época de campañas electorales, en la que se habitúa prometer sin ton ni son, aunque se tenga la conciencia de que nada se podrá cumplir, en que lo importante, más allá de defraudar al ciudadano, es hacerse a toda costa del poder.
Baldón para Ivonne Ortega y para un régimen que viola flagrantemente los más caros, los más sagrados derechos de la humanidad, que son pensar y expresarse sin cortapisas y los que consagran el acceso a la propiedad y el trabajo. Evidentemente quien despoja de su actividad remuneradora a una familia, con hijos enfermos, ostenta un mal corazón y los peores sentimientos.
Y como los que nos oponemos, carecemos de más protección y cobijo que los que escasamente ofrecen nuestras plumas y las páginas en que aparecemos, solo por si acaso y en prevención de cualquier eventualidad, hago responsable de cuanto ocurra a mi persona, propiedades y familia a la titular del ejecutivo estatal y demás integrantes de su administración, incluyendo el ámbito municipal.
Dios, Patria y Libertad