Por: Ignacio Pareja Amador
Hoy en día, en un momento donde los principales actores internacionales vislumbran el gran crecimiento del que será en próximos años: el nuevo país más rico del mundo (China), debemos poner mayor atención hacia los países que han tenido actuaciones efectivas, pero que se asoman al mundo de manera sigilosa. El país que hoy nos ocupa tiene la segunda población más grande del mundo (1,156 millones de habitantes), una economía que ha desbancado a los europeos mandando a la poderosa Alemania al quinto sitio del ranking mundial, un crecimiento económico que promedió 7.5% entre 2007 y 2009 y que se ha mantenido por encima del 5% durante los últimos 30 años.
Este país es considerado un subcontinente debido a su milenaria riqueza cultural, a sus importantes recursos naturales, pero sobre todo a las capacidades de su población, aspecto que lo llevará a ser uno de los próximos protagonistas en el juego de la distribución de la riqueza mundial
Efectivamente, nos referimos a la República de la India, país que muchos recordábamos como el ejemplo perfecto de país subdesarrollado (inestabilidad política, hambre, mala distribución del ingreso, corrupción, etc.), poco a poco da muestras de la eficiencia de apostar a un modelo económico que está por encima de las necesidades políticas, de los partidos y los individuos en el poder.
La India es un país relativamente nuevo. Tiene 71 años de existencia como ente político independiente. Sin embargo su historia es más extensa que la de la mayoría de las naciones desarrolladas. Es un país inmenso en territorio, complejo en su población (hay más de 15 lenguas y más de 1,000 dialectos), con muchos problemas por resolver y un largo camino por delante; rico en recursos naturales, poseedor de varias ojivas nucleares, enemigo acérrimo de su antiguo territorio: Pakistán. Además, es el único país en la región y el continente que puede hacerle un poco de sombra al éxito económico de China.
El modelo económico de la India posee ciertas particularidades. A partir de 1991, el hoy primer ministro Manmohan Singh, en ese tiempo ministro de Hacienda, promovió reformas neoliberales como la reducción de barreras arancelarias, disminución de cargas impositivas a la industria y apertura del país a la inversión extranjera.
Lo que guarda interés en este modelo es que se planeó que el crecimiento fuera impulsado por los servicios y el consumo interno, más que por las manufacturas y exportaciones, como ocurre en China.
Por esa razón, el gobierno apostó por crear centros tecnológicos de alto nivel educativo, donde se especializan estudiantes indios, que al llegar al mercado se vuelven altamente competitivos por el "poco" sueldo demandado, en comparación con los especialistas occidentales. De esa manera, la India se convirtió en la oficina de asistencia del mundo.
Sin embargo, este país tiene todavía grandes retos por delante. El hecho de que haya pasado de una economía agrícola a otra de servicios (creación de programas empresariales y software) le ha generado ciertos problemas en cuestiones de empleo, ya que su crecimiento económico no se ha visto reflejado en un aumento en los mismos. Su sector industrial se dedica a producir bienes de alto valor tecnológico, para lo cual no se necesita abundante mano de obra.
Sin embargo, la principal barrera para el desarrollo generalizado de la India es sin duda su sistema de castas y la pobreza extrema. Para 2007, el 25% de su población estaba bajo la línea de pobreza, lo que ubica a India como el país con más pobres en el mundo. Además, el gobierno no ha podido resolver el problema de las castas, pues aún hay grupos excluidos, como los dalits, que no se benefician de la derrama económica, oprimidos durante siglos por castas superiores y con oportunidades limitadísimas para su desarrollo individual y ascenso social.
No podemos hablar hoy de un desarrollo generalizado en la India. Ha sido sesgado hacia cierta población y territorios. La prospectiva de crecimiento del país asiático es buena, el gran éxito de su gobierno ha sido mantener unida a la nación con mayor diversidad cultural en el mundo, pero eso no es suficiente para hablar de desarrollo. Este término debe traducirse en educación, vivienda, salud, servicios básicos, pero sobre todo en igualdad de oportunidades, pues una población oprimida, sin aspiraciones individuales, no podrá heredar a su descendencia el ímpetu y fuerza que ese gran país necesita para superar el subdesarrollo y algún día alcanzar el progreso que gozan actualmente las naciones más avanzadas.
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