Por: Ashanti Caballero Palomo
Solo bastaron pasar unas cuantas páginas del periódico del día, para darme cuenta del horror que amenazaba el final de mi lectura.
No era un día cualquiera, viajaba de Mérida a la ciudad de México en el vuelo de primera hora... Por lo tanto, me ponía al día de los aconteceres, pero más que eso fue una perversión a mi mañana.
Cómo explicar que sentía una emoción tan grande por mi viaje y que poco a poco fui perdiendo el entusiasmo leyendo las noticias, sobre los secuestros de inmigrantes, el gasto excesivo de los poderosos, y sobre las deprimentes estadísticas de violencia y pobreza en nuestro país.
Con qué cara podría sentirme orgullosa de bajarme del avión y proclamar mi felicidad al mundo, sabiendo de tantas necesidades y peligros en mi país.
Lo que menos me imaginaba era esto, no sé si les pasa lo mismo al leer los periódicos, pero sentir una impotencia tan grande al preguntarnos si lo que hacemos es suficiente.
La realidad es que no, a veces vamos llegando poco a poco a la conclusión de qué estamos haciendo.
Detrás de mí, un emocionado pasajero cantando "México lindo y querido" al aterrizar, ganas de darle un zape no me faltaron, pero escuchando la letra de esta canción, llego a la conclusión: "México es lindo", pero en realidad es querido.
Recordando una frase del ex presidente Carlos Salinas, cuando decía: "El Ciudadano debe dejar de ser objeto en la transformación del país y volverse el sujeto del cambio".
No sé si mi visión como joven de querer 'cambiar al mundo' dure mucho tiempo, pero sé que tenemos que empezar con la actitud que tomemos hacía nuestro México y valorar cuánto lo queremos.