En alguna ocasión he comentado que siendo Secretario de Hacienda del gobierno federal, el licenciado Antonio Carrillo Flores, un contratista lo visitaba todos los días y le llevaba algún presente, una pluma, una corbata, un libro, algo que le recordara al funcionario al contratista.
Cuentan que en una ocasión el contratista invito al secretario a su casa en Acapulco a donde lo llevaría en su avión particular y en esos días de descanso lo pasearía en su yate.
El secretario aceptó y lo disfrutó tanto que se hizo visitante frecuente de ese paraíso.
Pero un día relevaron al secretario y no volvió a ver al contratista de cuya amistad ya presumía.
Y un día en el elevador que lleva al Club de Banqueros, se encontraron el ex secretario y el contratista y a iniciativa del ex funcionario se desarrolló más o menos así un diálogo:
Ex funcionario: cómo ha cambiado amigo.
Contratista: Por qué licenciado.
Ex funcionario: porque cuando era Secretario de Hacienda todos los días me visitaba, me llevaba algún presente, me invitaba los fines de semana a su casa en Acapulco, iba en su avión y paseaba en su yate, y desde que deje de ser secretario no me volvió a visitar ni a invitar. Como ha cambiado.
Contratista: Perdón licenciado, yo no he cambiado; yo sigo visitando al Secretario de Hacienda, le sigo llevando presentes y el Secretario de Hacienda va en mi avión a Acapulco, disfruta mi casa y mi yate. Como ve yo no he cambiado, sigo siendo igual. El que ha cambiado es usted que ya no es Secretario.
Y esto lo reflexiono ante la proximidad de los cambios en todo el país en los tres niveles del gobierno, que los político que no lograron acomodarse con el siguiente gobierno o entrar a cargos de elección sin tener que recurrir al voto del ciudadano, deben de prepararse para recibir el trato de proveedores, contratistas, amigos de sexenios o simples ciudadanos, ya que según se hayan desempeñado así será el trato que recibirán y esto cuando todavía los ciudadanos no aplican sanciones sociales a los malos funcionarios.
Por lo pronto a nivel federal, los partidos empiezan a clarificar sus posturas, a bajar el tono cuando se refieren a Peña Nieto y su toma de posesión como Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, lo cual es un buen indicio.
Y en los estados donde hubieron elecciones locales, también empiezan a dar color los personajes políticos que desean proyectarse al futuro o a dar la cara en el presente con el ánimo de que se les considere en el futuro.
Que si hay demasiados grupos sociales inquietos y demandantes, pues hay tomarlo como situación natural de promesas incumplidas, de falta de atención a las demandas sociales y de muchos factores más que se han sumado y creado un clima que preocupa sobre todo a analistas extranjeros que difunden una imagen del país que puede confundirse con lo que pasa en los países de Europa, y si bien obliga a atención especial e inmediata, hasta hoy no vamos en el mismo paquete.
El resultado de las elecciones, los grupos sociales y sus presiones; los evidentes problemas del país y la constante críticas negativas al partido ganador de la elección presidencial, es toda una suma que debe de obligar al próximo gobierno a ser eficiente, responsable, honesto, rendir cuentas precisas y oportunas; a reducir la pobreza y la desigualdad social y económica.
Y todos los mexicanos, del partido que sea, deben de estar atento y exigente de que así sea.